RECETA #4: LIMITAR RECURSOS, AVIVAR EL FUEGO

No se trata de una receta de creatividad propiamente dicha, sino de una máxima que debería estar a la cabeza de los mandamientos creativos. Su uso, sin embargo, conlleva la oscura lacra de haberse convertido en la excusa más anodina de todas: “no tengo esto, me falta lo otro, no hay suficiente de…” Contra estas excusas, sólo hay una respuesta posible: ¿Y qué?

Efectivamente ¿qué pasa porque no tengas un programa adecuado, una imagen adecuada, un ordenador adecuado, unas herramientas adecuadas? Simplemente usa lo que tienes, porque lo que no tienes sólo te va a servir para construir lamentos. 

Cuando me asaltan las excusas siempre procuro echar mano de mi propia experiencia personal. A finales de 1994 empecé a trabajar por primera vez en una agencia de publicidad. Como era nueva y muy inexperta, me adjudicaron el ordenador más rata, una reliquia de Apple que no llegaba ni a los 50 MB de disco duro; sí, así es, en el mundo del diseño gráfico actual aquello sería el equivalente al sílex. El caso es que sólo podía manejar imágenes muy reducidas en escala de grises en Photoshop 2.0 y trabajar vectores en el desaparecido FreeHand, que aún andaría por los albures de su existencia. Para ponerlo más interesante, no se podía trabajar con más de un programa a la vez y por supuesto, todo lo que se dibujara o fotografiara debía ser digitalizado, por lo que el uso de los lápices, rotuladores, acuarelas, tintas chinas, papeles vegetales etc. era rigurosamente (y por suerte) obligatorio. Aquellas restricciones acarreaban otras muchas, tales como la imposibilidad de trabajar imágenes en cuatricromía y tener que reducirlo todo a tintas planas. ¿Qué hacer entonces? Muy fácil, sólo se requería enumerar las limitaciones propias de los recursos con los que el diseñador (o sea, yo) contaba, he aquí unos ejemplos:

  • Imagen corporativa: Mínimo una tinta, máximo de tres. Dibujos escaneados y vectorizados. Evitar las imágenes, pero si no fuera posible, pasarlas a escala de grises o mapa de bits.
  • Folletos, catálogos, carteles o anuncios: Iguales limitaciones anteriores con la salvedad de que si las fotos fueran obligatorias o relevantes estéticamente, deberían ser convertidas irremediablemente a escala de grises (adiós a encendidas puestas de sol, adiós iluminaciones intermedias, adiós variedades cromáticas…) Permitida cuatricromía, salvo en imágenes.
  • Retoque fotográfico, filtros complejos y otras florituras del Photoshop arcaico, usados con mucha precaución y respeto, so pena de perder la paciencia en incontables horas de procesado para después ver que “la criaturita” de la manzanita multicolor se colgaba, dando por finalizados mis torpes avances en aventuras imposibles.
  • Tipografías. Bestias salvajes que inundaban el cacharrito de demonios y lo ponían cada dos por tres a punto del suicidio por colgamiento extremo. Solución: recurrir a los clásicos, Helvetica, Times, Garamond, Palatino y en casos rumbosos, alguna que otra alegría fiestera del tipo Kuentsler Script al más puro estilo vienés. Todos los demás debían ser usados con la máxima precaución y bajo supervisión médica.

¿Qué es lo que aprendí? aprendí que los límites ayudan a despertar la imaginación y encontrar soluciones dignas, cuando no brillantes, a cualquier situación que se presentara.

Busy woman working. Year 1995. 90s Style
Representación gráfica de unos duros comienzos. Ilustración personal disponible en Shutterstock  y Fotolia

Este caso es específico del diseño gráfico, pero se hace extensible a todo lo demás. Escribir, pintar, construir un edificio o componer una sinfonía, cocinar o plantear una campaña. Si no se nos ocurre nada, inventemos los límites. Para empezar, elijamos uno solo y a partir de ahí vemos qué pasa.

Ejemplos de límites:

  • Trabajar rigurosamente a mano, y mucho mejor incluso dentro del trabajo a mano, una sola técnica, ya sea tinta, acuarela, lápiz o cartulinas recortadas. Ya lo digitalizaremos después y añadiremos la sal y la pimienta al gusto.
  • Usar una sola tinta directa.
  • Trabajar sólo con la tipografía.
  • En publicaciones, limitar los textos a una sola caja y un titular.
  • Vectorizar imágenes simplificándolas al máximo.
  • Evitar los filtros.

Los resultados serán sorprendentes, porque casi siempre, menos es más y el derroche indiscriminado de recursos puede llegar a paralizarnos.

La buena noticia es que esto se basa en un principio básico que afecta a todos los aspectos creativos de nuestro trabajo: la simplificación. La mala noticia es que la simplificación no es fácil, sobre todo si nos acostumbramos a que una máquina nos resuelva las cosas. Y ese es un error que afecta, sobre todo, al mundo del diseño. La idea de que cualquiera con conocimientos informáticos (con todos mis respetos para los informáticos) puede diseñar dignamente, ha devaluado nuestra profesión al nivel de una fosa marina, pero ese será ya otro debate. Nosotros, a lo nuestro. A encontrar o inventar ese límite que haga que nuestra creatividad se dispare.

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