#Receta 8: “Odio Halloween” o Cómo buscar la inspiración en lo que no te gusta

Halloween Dance Party. Romantic vampire couple dancing at Halloween Night.

Odio Halloween. No me importa reconocerlo. Odio una fiesta importada por el cine y la TV basada en ritos culturales que ni nos van ni nos vienen. Una forma de pensar un tanto obtusa la mía —confieso— porque de ritos culturales importados se han enriquecido sin complejos todas las civilizaciones que en el mundo han sido. Y como Halloween odio muchas cosas que gracias a mi experiencia de diseñadora y creativa publicitaria tuve que abordar de forma más o menos objetiva si quería seguir trabajando en esto.

Podría enumerar una larga lista de odios y disgustos, pero no voy a hacerlo, allá cada cual; pero no pasaré por alto las veces que tuve que dedicarme a aquello que odiaba o me asqueaba o me aburría mortalmente, con el amor del más entregado de sus aficionados, consumidores o espectadores.

¿Qué ganaba con ello? Dos cosas importantes: objetividad y distancia. Lo mismo que servir alcohol no te convierte en alcohólico; hacer un cartel de la música que odias no te lanza a ser DJ de la misma. Y además, de paso, recibes una buena dosis de humildad. Volvamos pues a esta conflictiva receta. Hace tiempo, al elaborar mi programa didáctico de Diseño, decidí incluir en él un trabajo que consistía en la creación un proyecto gráfico sobre temas “difíciles”. Para ello, pedía a mis alumnos un listado de aquellos encargos que por nada del mundo les gustaría hacer. En el listado había desde política, toros, prensa, finanzas, productos industriales… hasta inocentes supermercados y tiendas de todo a 1 euro. Al final, y con el desconocimiento de los participantes que nada sabían del porqué de esa lista, di a cada alumno la realización de un proyecto para cada uno de esos temas. Las protestas fueron unánimes, pero tras unos días de abnegación los resultados, sorprendentes, no dejaron lugar a dudas. ¿La razón? muy clara: hubo que ponerse de manera distante y profesional en la piel del público objetivo y del cliente que hacía el encargo, por tanto se llegó a estimular la creatividad en parcelas hasta entonces enterradas en prejuicios y se dio un giro a la forma de ver las cosas. En pocas palabras, habíamos cambiado nuestra forma de pensar aunque sólo fuera por una causa puntual. Desde que me dedico a la ilustración de microstock ese problema se me ha presentado algunas veces, menos eso sí que cuando trabajaba para encargos externos, puesto que ahora soy mi propio cliente y mi propia jefa, pero en este negocio no hay que olvidar las fiestas internacionales y que cada porfolio es un escaparate al que se asoman clientes de todo el mundo.

Black cat on a Halloween pumpkin. Vector Illustration. Isolated

Navidad; Halloween; nuestro aún lejano (y espero que por mucho tiempo, no caigamos en el disparate) Thanksgiving; el Año Nuevo Chino, Janucá, etc. amén de las muchas formas en que, además de Papá Noel, reciben regalos los niños de los cinco continentes. A mí, personalmente, no me cuesta demasiado abordar áridas tareas, pero no puedo evitar que algunas se me atraganten. Halloween, por poner un ejemplo es una de ellas. No tanto la fiesta en sí, pero sí el derroche de elementos kitsch en los que se sustenta. La primera vez que superé el dilema y me puse a dibujar calabacitas vi que la cosa no estaba tan mal, que podía ser divertido y que incluso podía llevar a mi terreno el asunto sin perturbarme demasiado.

Siempre se nos dice que el trabajo ideal tiene que estar dividido a partes iguales en aquello que nos apasione, pero si convertimos lo que nosotros consideramos poco apetecible en algo audaz, diferente y de buen gusto, nuestra pasión nos guiará hacia más allá de la zona de confort y, por tanto, a lo que desconocemos de nosotros mismos.

Puede que ya sea demasiado tarde para promocionar internacionalmente la visita a los cementerios y las gachas dulces o los huesos de santo; pero si no puedes con tu enemigo, invítalo a tomar algo y hazte su amigo.

My Recipes-01

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