Receta de verano: La inspiración entre líneas (Crónica de los Cazalet)

Estamos en tiempo de lectura. Las vacaciones son la época en que una gran mayoría aparca los deberes y se atreve, puede que como única vez al año, con algún libro de más o menos fama. Yo soy de la opinión de que la lectura debería ser asignatura obligada en los colegios. Y no como el aburrido complemento de las materias de letras; sino todo lo contrario: un enriquecedor entretenimiento que abra nuevas vías a la creatividad y la inspiración.

Ni qué decir que para mí la lectura es indispensable. No concibo un sólo día sin haberme infiltrado antes en una historia ajena y haberme impregnado de mundos y sensaciones que estarían fuera de mi alcance si no fuera por la poderosa fuerza de la imaginación. Hace muchos años un compañero de estudios, también diseñador e ilustrador, me dijo que cada libro que caía en sus manos era un «nuevo cliente» y ese cliente le encargaba trabajos tales como elaborar desde la carátula del libro hasta una recreación de los personajes. Esto no es nuevo. Miles de óperas, sinfonías, películas, cómics, series de TV y obras de arte, han tomado a la literatura como medio de inspiración, pero ¿y qué hay de los lectores habituales? Lo que mi antiguo compañero hacía es, simplemente y sólo por diversión, mantener su creatividad a flote involucrándose en sus lecturas como otro narrador más y mostrarse abierto a todo lo que cada nueva historia le dejaba a bien descubrir.

Esta receta de creatividad es tan antigua como lo fue el primer hombre que se atrevió a dibujar un símbolo para comunicarse y, como aquél, no es necesario que seamos genios del cine, la música o el arte para traducir fantasías literarias a nuestro propio lenguaje. 

Como muestra de lo dicho os traigo una recomendación y un ejemplo:

Crónicas de los Cazalet es una saga literaria de Elizabeth Jane Howard, compuesta por cinco novelas de las que en España sólo se han publicado —hasta el momento— cuatro de ellas. La autora es muy conocida en Reino Unido y su talento literario ha trascendido a numerosos títulos. La primera novela de esta saga familiar es Los Años Ligeros, una recreación de los tiempos inmediatamente anteriores al comienzo de la Segunda Guerra Mundial narrada a través de voces muy diferentes en edad, clase y condición. El colorido vital de los personajes, precedido en las novelas por un árbol genealógico que sólo cobra sentido tras las primeros capítulos, me animó a interpretar a los principales personajes en estos avatares al más puro estilo retro de los años 30.

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